Tulancingo, Hidalgo, México

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y el retorno de la palabra por Alberto Montoya

 
 

1ª parte

 
     
     
     
 

 
     
     
 

artistas plásticos

Anna Coen

Aurora Gallardo

Cristina de la Concha

Natalia

Antonio Muñoz "Porkuz"

René Álvarez

Alex Escorcia

 
     
 

 
     
   
     
 

Aurora Gallardo, quien de un tiempo para acá ha omitido el uso del color, es investigadora y especialista en el tema de la  negatividad de los números.  Ese mismo tema, el de la negatividad, se ve reflejado en su pintura, con el blanco y negro y sus matices representa el lado obscuro del humano, como un rollo de película fotográfico aun no revelado, desvela lo que está más allá de las apariencias, revela lo irrevelable que hay que revelar, mira y nos muestra las luces obscuras del ser, su pintura recrea atmósferas y espacios sórdidos, ella pinta lo que ve, confiesa  la influencia en ella de pintores clásicos españoles a los que tanto admira. Picazo, Goya, Velázquez, Orozco, entre otros. Ella pinta lo que ve, pero es claro que hay una diferencia entre el ver y lo que es mirar. Acostumbra pintar en las explanadas de las plazas públicas, donde la gente se detiene a tomar café, y a cotorrear, gente común, bien vestida y digamos que por la zona, un poco fresa, sin embargo, lo que revela, lo que aparece en sus pinturas, es gente desnuda, personajes algunos de ellos grotescos, fragmentados, de bajos fondos, vemos la decadencia social; el café vips parece transformado en un burdel de cuarta categoría. 

Su mirada profundiza en lo obscuro, los encuera como el pavo de René, pero además su mirada atraviesa los tiempos, ese inconsciente que proyecta como si viéramos un film dentro de una sala de cine, atraviesa los tiempos y  las generaciones, las secuelas de la guerra civil española que se inscribe a través de imágenes realizadas por su lápiz y su pincel.     

También se pinta para viajar por el universo, viajar a otros mundos, escape a la perversión, cuando la ley cae y el humano pierde su humanidad.

Lo traumático y el deseo son temas abordados por el psicoanálisis comenzando por Freud en su ensayo sobre la Gradiva, donde considera la existencia de dos tipos de inconsciente y por lo mismo dos tipos de memorias. Todo lo reprimido es inconsciente pero no todo lo inconsciente es reprimido, esto se aproximaría a lo que plantea Didi Huberman quien habla del inconsciente de la imagen. 

La memoria de lo reprimido, para los psicoanalistas es la que tiene que ver con deseos inconscientes censurados y reprimidos por el psiquismo y que tienden a retornar mediante las formaciones de compromiso, los sueños, los actos fallidos, y la representación a través de la fantasía. Pero también se pinta para expresar lo traumático, para que el otro testifique y ayude a poner nuevamente en movimiento a la palabra. El deseo y lo traumático son abordados  por los artistas plásticos que exponen sus obras en esta exposición.

Para concluir vemos en la obra seleccionada de Cristina de la Concha, ella es escritora y poeta, y también pintora, pinta a la república mexicana, es una larga obra que ha titulado “México se pinta solo”, aquí solo una selección de 10 de sus cuadros. Mira desde las alturas, como si fuera un satélite que orbita la tierra, no podían faltar los astros, o uno puede pensar también nuevamente en el ave y los augurios, mira la tragedia mexicana, la pinta herida, acuchillada, baleada, aunque también hay sentido del humor y juego, hay danza y música. Denuncia y reflexión.   

 

 
 
 

7.Ago.19

 
 

 

La imagen que nos falta y el retorno de la palabra

2ª parte

por Alberto Montoya

 

 

La otra referencia que me inspiró para el título de esta expo es un texto de Pascal Quignard, “la imagen que nos falta”, donde reflexiona sobre la relación de la pintura y  el deseo.

Los humanos deseamos porque estamos en falta, conscientes de una falta en el ser,  nos reconocemos  como  incompletos, la psique vaga  por la vía láctea del eros y de las palabras, buscando representar lo que nos falta, soñamos y volamos con alas de deseo,  miramos el cielo nocturno, le llamamos firmamento, lo llenamos de símbolos,  plagado de estrellas, distantes e inaccesibles, el origen etimológico de la palabra deseo, tiene que ver con lo distante, con las estrellas.

Pascal Quignard dice que se pinta por deseo, el pintor pinta cuando está atacado por de-sidérum, deseo, del francés désir, del portugués desejo, del latín desiderium, la proposición que indica proveniencia, lejanía y estrellas. Clavar la mirada en una cosa o en una persona que atrae, como de noche clavamos los ojos en los jeroglíficos de las estrellas.

Alguna vez hemos escuchado a mujeres decir del deseo y del romanticismo. Me bajó el cielo y las estrellas”. En las fiestas de cumpleaños nos encontramos con un pastel con velitas que  brillan como esas estrellas distantes, en ese espacio sideral, desiderium, se piden los deseos acompañados de un soplido. Se dice que hay que pedir tres deseos, estratégicamente tres, por las dudas, siempre hay que desconfiar de los genios y de las estrellas, siempre con el temor de que sean mal interpretados, menos mal que los deseos no son El Deseo, porque la realización del deseo con mayúscula, sería llegar al destino, dejar de desear implica la muerte psíquica.

Cicerón en sus cuestiones tusculanas define la palabra deseo: deseo es de ver a alguien que no está allí. Desiderium est libido vivendi ejus qui no adsit. La desideratio se entiende como la dicha de ver a pesar de la ausencia al ausente desiderium se vuelca al francés las más de las veces con la palabra recuerdo, sous-venir, hay un retorno de lo que se perdió, el recuerdo, y que viene otra vez a mostrarse a pesar de su pérdida. 

El arte busca algo que no está ahí, los ausentes están presentes, lo podemos apreciar en la obra pictórica de Víctor Hugo. La historia traumática de la pérdida de su hija. Aquí están los muertos. 

En una de las pinturas aquí expuestas. “Árbol genealógico” de Amalia Juárez. El deseo de ver al ausente, los fantasmas que están y no están. 

O las pinturas de René Álvarez, quien en muchos de sus cuadros pinta a Chack, su mascota canina, es su  modelo y musa, lo introducen en sus obras para rescatarlo de la orfandad y de la soledad. 

El Chack está y deja de estar,  como los astros que están en el eterno  movimiento sideral. Considero que El Chack es como los astros, migrante, nómada, indocumentado, Dios de las mujeres y de la lluvia, mascota sideral que está, estuvo y seguirá estando en la imagen ausente.  

La palabra en latín Con-sideratio, consideración, su origen consiste en descubrir cómo los astros se ensamblan para formar un signo en el cielo nocturno. En latín se llama sideria al cielo nocturno, las estaciones del año. Los sideria traen las estaciones, asombran, ya que rigen su aparición y desaparición. Señalan el ascenso y el ocaso de los seres. Su ausencia (de-sideratio) se lamentaba en función del momento del mes o la época del año. La palabra desir, deseo, más allá del tiempo, recibe el relevo de la palabra desideratio (el relevo, el pesar de una ausencia en el cielo nocturno). 

En varias pinturas de Ana Coen , una de ellas titulada “Otros mundos”, otra vez los Astros, no solo en su función oracular y  representando a los ausentes y su realización imaginaria. El otro mundo como lugar de paz. En su pintura, me recuerda, fue por mucho tiempo viajera en el tiempo y en el espacio.    

El viaje a otras tierras,  un mundo mejor, lo vemos todos los días, tema tan actual, la migración, los éxodos, la aspiración a una tierra prometida, el escape a un mundo mejor. Su pintura me remite de inmediato al anime y a la ciencia ficción.

Me lleva a hacer una conexión con  Kurt Vonnenhaut y su novela Matadero cinco, el escritor como el personaje de la novela es sobreviviente del bombardeo en Dresde al final de la guerra, más de 100 mil muertes en tal bombardeo, más muertos que ni en Hiroshima, Kurt en su novela se representa a sí mismo en el personaje de Billy Pilgrim, quien parece vivir en mundos paralelos, el soldado Billy traumatizado es un viajero en el tiempo y en el espacio, su psique, al mismo tiempo, parece detenida en el tiempo, son los efectos de lo traumático, lo que Davoine llama el tiempo suspendido.

 

 

 
 

 
     
 

 
     
   
     
 

 
     

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