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7.Sept.19

 

 

 

  Carlos Santibáñez Andonegui, estimadísimo poeta, escritor y crítico, murió en febrero de 2018, por lo que ya no fue posible llevar a cabo la presentación que habíamos planeado de este ejemplar para la que escribió esta reseña. Ahora se hace esta publicación póstuma.

¿Quieres un ejemplar? comunícate: https://www.facebook.com/cristina.delaconchaortiz

 

Cristina de la Concha 

Ma. Cristina de la Concha Ortiz©

 

 

Eroticum

 

 
 

EL SECRETO DE LA PERSUASIÓN

por CARLOS SANTIBÁÑEZ ANDONEGUI

sobre el libro Eroticum de Cristina de la Concha 

 

 
   

27 de julio de 2014 a la(s) 22:29

Cristina de la Concha, Eroticum, coedición Culturalcingo-Morvoz, www.tulancingocultural.cc, http://morvoz.blogspot.com, México, 2012. Reseña de Carlos Santibáñez Andonegui, 27 de julio 2014

 

 

 

 

La persuasión tiene extraños caminos; algunos almacenados en los pozos sin fondo del temperamento femenino. Cristina de la Concha sabe algo de esto. Eroticum es más que doce cuentos, un par de divertimentos y un ensayo, como ella lo define, un camino capaz de transportar al lector sin defraudarlo, hacia un lugar seguro. La sensación de llegar a buen puerto después de un viaje es, para el lector, un categorema confiable del arte de la palabra, sea cual sea su manifestación oficial: novela, poesía, cuento.

[...]

No eludir la búsqueda de significado, no evitar encontrarse con una vieja amiga a veces medio mal querida de la literatura pero que para desgracia de muchos, sabe de mil y una formas de aparecerse y retoñar, una señora llamada dignidad, que a pesar de todo, ¿qué creen?, existe y tiene que ver con un señor llamado valor, que es el que hace que las cosas merezcan existir. Nada más. Creo que lo hecho por Cristina en la obra que nos ocupa, son cuentos. Encajan en la definición de cuento como ardid de palabras que nos hacen cambiar el Plan Nuestro de Cada Día. Y que no tiene que ser precisamente de tema sobrenatural. Cristina de la Concha persigue un estilo que no es exactamente el laconismo ni el manejo de la brevedad como lo vemos resurgir recientemente en la Minificción. Es un estilo propio que incorpora, de una parte, un excelente manejo del tiempo, yo no diría de la brevedad como si tuviéramos que quedar bien con alguien que nos persigue o que se va a enojar si escribimos o hablamos de más, sino con darle a cada cosa el tiempo justo para ser abarcada y comprendida, dejando para otro momento las que no quepan en una solución de continuidad lacónica, atravesado además por un afortunado flamazo erótico. A cada momento sentimos que hay algo que se nos puede escapar dentro del relato, por eso tenemos que regresar una y otra vez a descubrir si no es algo distinto a lo leído, si lo que se quiso contar o transmitir era muy parecido a lo que nos estábamos imaginando mas en el fondo no vaya a ser totalmente distinto, y esto es una virtud indiscutible del narrador. Trae la sorpresa como sello distintivo, factor sorpresa como resorte de lo narrado, no con el dejo poético estetizante al que aludía Apolinaire en sus Meditaciones estéticas: “El espíritu nuevo reside en la sorpresa”, sino por estricta fidelidad a lo narrado, y esta renuncia a manejar la sorpresa como recurso estético, la libra de todo amarillismo, abonando a su destreza narrativa, dado que en cada caso, la sorpresa corona lo real.

[...]

A veces, el factor sorpresa se resuelve a través del lenguaje que revela algo hasta entonces desconocido, [...]. O acude al encanto de cambiar una forma que ya nos habíamos imaginado, [...].

En ocasiones se confunde, en literatura, lo erótico con lo obvio. Cristina de la Concha da el mentís a diversos prejuicios de la pseudo narrativa de hoy. Si algún referente acompaña el erotismo en estos lúcidos cuentos de Cristina de la Concha, es justamente lo sobrenatural, [...].

Y para terminar, ¿qué es nuestro cuerpo? Un acumulado de ángulos. Dice Cristina: “Captar un ángulo, una sombra, un vértice para plasmarlo en el lienzo, en el barro o la lámina conlleva la maestría del poeta que nos ofrece una metáfora, la del optometrista que da luz a unos ojos o del cardiólogo que hace latir un corazón, conlleva arte porque eso es el arte: maestría, y eso es la moral en el arte, alcanzar la maestría en su ejecución.” Alude a un hecho poco citado últimamente en relación con lo erótico y no deja de ser curioso en pleno siglo XXI: “La naturaleza ha hecho que nuestros cuerpos, se sirvan de mente y espíritu para procrear y subsistir, subsistir por encima del dolor inherente a esta vida de breves momentos de goce…”

El llamado del libro Eroticum, que se deja leer y releer como una fresca noche de verano, es al enfoque trascendente del erotismo, algo inolvidable e irrepetible: recuperar “la importancia de nuestros cuerpos como recipientes de nuestro ser”.

 

 
     
 

 

 
     
 

 

 
     
         

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