Tulancingo cultural

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 Tulancingo, Hidalgo, México

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10.May.11

   
  Samuel Ronzón

 

 

 

 

Fotos de aquel jueves de mayo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   
Memoria del jueves pasado
Para Cristina de la Concha
 
 
 
Hubiera querido decir: “Equivocaste el día” pero llegamos allá donde se ve la trabazón de los cerros, donde el aroma a tierra y viento se pone a desgranar el maíz. Nadie quiso escucharnos, y se quedó nuestra palabra encerrada entre gallos fantasmas, malhiriendo a los poetas.
 
Quienesquiera que fueran los sin nombre, suaves danzantes con ojos medio grises, medio amarillos, traían su casa toda entilichada con guitarras y licores, porque para ellos era un día de fiesta, y habrían hecho de mi voz una voz tan débil, como si hubiera tenido que atravesar otra distancia aún más larga.
 
Al silenciarnos, antes de que la luz nos dibujara por un momento, antes de que nuestras pisadas se hicieran más opacas con la hierba de regreso, pensé sólo que el sueño es un buen colchón para el cansancio de aquellos pasos, que registran los pasos anteriores.
 
Cuando cambia de ruta el tiempo, y uno va por otro cauce, lejos de quienes hablan otra lengua, la pequeña verdad también sabe a tierra fresca de Acaxochitlán, mientras el sol de Tulancingo me quema, por su paisaje de tantos árboles talados, casi siempre en áspero silencio.
 
Comprendí que en mi voz nunca han hablado los árboles, ni las aves se han distraído contemplando las piedras. Es difícil llenar un breve libro con pensamientos de árboles, o con los gritos de las piedras que llegan como sombras a mi mesa.
   
             

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