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¿Qué
celebramos
en 2010?
Homero Aridjis
¿Qué celebramos en
2010? ¿Un país donde van contabilizados 28 mil muertos en tres años
de guerra contra el narco, y donde al mapa nacional se ha
superpuesto el del crimen organizado, identificándose nuestros
estados como territorios de los cárteles de la droga? ¿Un país donde
las atrocidades de hoy compiten con las atrocidades de ayer, y donde
los diarios designan a Ciudad Juárez "la ciudad más mortífera del
mundo" (Le Figaro), y a México como el lugar de "the new killing
fields" (The Guardian)? ¿Un país donde bandas conformadas por
traficantes de personas y funcionarios y policías corruptos violan
los derechos de los migrantes latinoamericanos en su paso hacia "el
otro lado", mientras nuestros propios migrantes son discriminados en
el país del Norte por leyes y actitudes racistas?
¿Qué celebramos en
2010? ¿Un país de estudiantes mal educados por funcionarios y
maestros mal educados, y donde la educación ha sido secuestrada con
la complicidad del gobierno, por líderes sindicales? Si bien Alonso
Lujambio, secretario de Educación, nos ha advertido que de no
celebrar las pompas del Bicentenario "nuestros hijos y nuestros
nietos nos reclamarán" por mezquinos, ¿podría decirnos cómo van a
ayudar las ceremonias de humo y las retóricas rimbombantes a mejorar
la "penuria educativa" (según la UNESCO) que imparte la SEP a lo
largo y a lo ancho de la nación? En opinión de muchos ciudadanos,
los miles de millones de pesos gastados en fuegos pirotécnicos,
foquitos en el Zócalo, toneladas de libros producidos en su mayor
parte al vapor, y en obras inacabadas, hubieran sido mejor empleados
por el Gobierno Federal, el Gobierno del DF y los gobiernos
estatales en crear fuentes de trabajo y servicios de salud
decorosos, y, sobre todo, abatiendo la corrupción que chupa la
sangre de nuestro pueblo, el cual merece vivir bajo gobiernos
honestos y eficientes que le ofrezcan prosperidad y justicia.
Hace 100 años, el
General Porfirio Díaz, presidente de México por ocho periodos,
celebró con gran pompa el primer centenario de la Independencia de
México de España. Hubo discursos, ceremonias, desfiles,
inauguraciones de edificios, exposiciones y banquetes. La primera
fiesta fue la inauguración del Manicomio General “La Castañeda”, y
el 16 de septiembre se desveló el monumento de la Independencia. Sin
embargo, meses después, Francisco I. Madero, el candidato
presidencial del Partido Nacional Antirreeleccionista, convocó desde
San Antonio, Texas, a un levantamiento en armas para el 20 de
noviembre, detonando la Revolución Mexicana, que causó millones de
muertos.
Los primeros
mexicanos en Estados Unidos fueron aquellos que estaban en los
territorios anexados por ese país en 1847 tras la derrota de Antonio
López de Santa Anna, 11 veces presidente de México, en la batalla de
Cerro Gordo. La violencia revolucionaria, el golpe de Estado de
Victoriano Huerta, los asesinatos de Madero y Pino Suárez, la
Expedición Punitiva del ejército norteamericano contra Pancho Villa,
más el tumulto creado por los asesinatos de Emiliano Zapata,
Venustiano Carranza, y Álvaro Obregón, produjeron la segunda oleada
de mexicanos en Estados Unidos. La tercera ha sido la laboral, desde
los años 40, de nuestros migrantes llamados sucesivamente
"braceros", "espaldas mojadas", “greasers”, “spicks”,
"indocumentados" e "ilegales". Y la más reciente es la de los
habitantes de los estados del norte que están huyendo de la
violencia en México. Curiosamente el éxodo mayor es de Ciudad
Juárez, donde tuvo lugar una de las batallas decisivas de la
Revolución Mexicana.
Pero mientras los
mexicanos intentan entrar masivamente a Estados Unidos, en lo que
algunos llaman la reconquista demográfica del México perdido en el
siglo XIX, estamos viviendo la reconquista económica de México —y de
otras partes de América Latina— por España. Los inversionistas están
atraídos por las posibilidades de privatización y liberalización, y
la tendencia de las grandes empresas a acabar con las empresas
pequeñas y medianas. En los últimos diez años, España ha sido el
primer inversor de la Unión Europea en México (con el 45%), y el
segundo a nivel mundial, siguiendo a los Estados Unidos. La
inversión ha sido principalmente en hoteles y restaurantes, y en
servicios financieros. Banco Santander es el tercer grupo financiero
de México, y en sus anuncios se refiere a “la franquicia mexicana”,
a la par que el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, que compró Bancomer
hace diez años, es ahora, como BBVA-Bancomer, la institución
financiera más grande de México. También hay penetración española en
transportes y comunicación, la industria manufacturera y energía.
Avanza un
neocolonialismo cultural que se manifiesta en actividades como el
acaparamiento de contratos importantes para imprimir libros de
texto, y en el control, desde España, de gran parte de la industria
editorial de habla española en América Latina.
Mas para hacer honor
al pasado (¿no al presente?), en mayo, el gobierno federal organizó
una procesión militar para trasladar los huesos de 12 héroes de la
Independencia, que desde 1925 estaban guardados en la base de la
columna del Ángel hasta el Castillo de Chapultepec. Allí, expertos
en antropología forense analizaron los supuestos restos mortales de
próceres como Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos, Leona
Vicario, Ignacio Allende, Guadalupe Victoria y otros, que fueron
sepultados de forma desordenada. Presuntamente, un cráneo pertenece
a Hidalgo, el Padre de la Patria, pero hay dudas de que ciertos
huesos pertenezcan a otros caudillos, porque entre 1823 y 1925,
descansaban en el olvido, en una cripta debajo de la Catedral
Metropolitana, y en 1895, fueron sacados por Porfirio Díaz para
darles un paseo. En agosto, las osamentas de 14 héroes (milagro,
aparecieron dos más) fueron llevados en un solemne cortejo fúnebre
al Palacio Nacional, donde el público podrá admirarlas en sus urnas
nuevas durante la exposición “México 200 años”, convirtiendo la sede
del gobierno federal en un relicario arquitectónico, como
reminiscencia del tzompantli del Templo Mayor.
Todo ahora se llama
“Bicentenario”, hasta los atascos de tráfico. En el portal oficial
de Internet hay convocatorias, juegos para niños, y un apartado
sobre el águila real, el símbolo nacional de México, que está en
riesgo de extinción, y cuya imagen en nuestra bandera acaba de
aparecer en Internet de cabeza y acribillada. Entre las más de mil
700 actividades en el Catálogo Nacional de Proyectos para el
Centenario y el Bicentenario encontramos desde la presentación de
una variedad de papa, un partido de exhibición de la National
Baskeball Association, un concurso de escultura en arena, la
remodelización del baptisterio donde fue bautizado Miguel Hidalgo,
la producción de telenovelas y películas con temas históricas, hasta
un libro de arte sobre recintos parlamentarios. El ganador del
concurso para el Arco Bicentenario resultó ser una estela de 104
metros, cuya construcción plagada de errores afuera de la Puerta de
los Leones del Bosque de Chapultepec (donde se erigía el arbol de
Navidad Coca Cola), chupará 690 millones de pesos —tres veces el
presupuesto original— una vez concluida a finales del 2011. ¿Se
inspiraron en la “Gran Estela” de acero de 42 metros del artista
aleman Heinz Mack, creada en 1989 para la sede corporativa de la
Mercedes Benz, o en el monolito que deslumbra a los monos en “2001:
Odisea del Espacio,” de Stanley Kubrick? El objeto de acero
inoxidable finlandés forjado en Italia y recubierto con 3,500 placas
de un cuarzo que sólo existe en Brasil —aunque el arquitecto que
encabezó la obra habló de “la pureza del cuarzo que nace de la
fuerza profunda de nuestra tierra; piedra antigua del mundo
prehispánico”— sólo tendrá de mexicano el agujero de 50 metros que
se cava para la cimentación. A lo mejor servirá de pararrayos para
el bosque de Chapultepec y Los Pinos.
A 200 años después de
la Independencia de México, y a 100 años de su Revolución, y a unos
150 años de la anexión de gran parte de su territorio por los
Estados Unidos, cuando se nos pregunta con quién estábamos mejor, si
bajo el dominio de los españoles, de los franceses (durante la
Intervención francesa) o de los EEUU, nos viene a la mente la frase
acertada del argentino Arturo Juaretche, “No se trata de cambiar de
collar, sino dejar de ser perro”.
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